jueves, 1 de junio de 2017

Pie de Loto



Era una escalofriante tradición de las mujeres chinas





Pie de Loto
Durante un milenio, los pies pequeños fueron sinónimo de belleza y de estatus. Era una dolorosa costumbre. Las mujeres chinas se vendaban los pies e impedían con ello que estos crecieran, por lo que esta tradición milenaria hizo sufrir y deformó los pies a miles y miles de mujeres chinas.


Para ellas el tamaño ideal de cada pie era de 7 cm. Era casi misión imposible. Por eso, el método para conseguirlo era de verdad extremo. Comenzaban a vendar los pies de las niñas desde los 2 años y generalmente lo empezaban a hacer durante el invierno para que el frio les aliviara el dolor. Antes de vendarlos, les colocaban los pies en agua de hierbas y sangre de caliente de algún animal para que la piel se ablandara. Les cortaban las uñas y con las vendas empapadas en el mismo líquido procedían a vendarles los pies, doblando los dedos hacía la planta del pie.

Tras esta forma de proceder, los dedos y el arco del pie se fracturaban. Las mujeres chinas vivían cada día de sus vidas con el vendaje puesto y con los pies reducidos a lo mínimo. Durante la semana, varias veces, se quitaban las vendas para cortar uñas y verificar que no tuvieran heridas y los suavizaban un poco con masajes y después los volvían a vendar de nuevo.


El porque de este proceder, pues alrededor del año 937, al comienzo de la Dinastía Song,  las bailarinas eran admiradas por sus diminutos pies y su calzado arqueado. Los pies de loto eran sinónimo de belleza y de estatus social. Una mujer de pies minúsculos no podía realizar tareas en el hogar, por lo que el pie de loto se asoció a mujeres con una buena posición económica.
Para un hombre, casarse con una mujer de pies pequeños también era símbolo de poder, significaba que podía mantenerla, por lo que con el paso de los siglos, las familias más humildes también intentaron que por lo menos la hija mayor tuviera los pies pequeños y así conseguir un marido adinerado para ella que mejorara toda la situación familiar.


Esta tradición tenía unas dramáticas consecuencias, las mujeres caminaban de forma distinta debido a la compresión de los pies y era para mantener el equilibrio. Eran más propensas a sufrir caídas y también tenían a menudo las uñas encarnadas por lo que eran muy comunes las infecciones.
En 1902 se prohibió el vendaje de pies, ya que diversas voces se alzaron en contra de esta práctica.
Hoy en día aun hay mujeres adultas que sufren las consecuencias de las vendas en sus pies.

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